¡A dormir!

Una de las cosas por las que me siento muy contento como padre, es haber conseguido que Alberto (en estos momentos a punto de cumplir 5 años) se vaya (y se haya ido) cada noche a la cama con la misma naturalidad con la que va cada tarde al parque o a la piscina. Este logro, se lo debemos seguramente al método creado por Sylvia de Béjar y el Dr. Eduard Estivill.
Y este post viene motivado porque he leído en ‘Me crecen los enanos‘ una entrada dedicada a este método, aunque a diferencia de nuestra experiencia, su autora creyó conveniente no utilizar:
«Imaginen dar un osito, una rutina de sueño y una charla a un bebé de pocos meses aterrorizado por verse solo y que está pidiendo a gritos a sus padres que acudan a proporcionarle amor y seguridad con su presencia.
Claro que funciona, se dormirá seguro. Pero se dormirá sintiéndose abandonado, desatendido por sus padres.»
El método recogido en el libro «Duérmete, niño» parece que ha levantado bastante polémica, que, por cierto, desconocía hasta ahora, que me he puesto a rebuscar un poco por la Red.
Este sistema, por lo que recuerdo, ya que me hubiera gustado ojear el libro un poco, pero no lo encuentro -seguramente lo regalamos o prestamos-, se podría resumir en que los padres no deben ir a asistir o a coger en brazos al bebé en el mismo momento en el que este empieza a llorar, sino dejar pasar un tiempo (al principio sólo uno o dos minutos, que irían progresivamente aumentando), con el fin de que el niño se vaya acostumbrando a dormir solo. Por supuesto, hay distintos tipos de lloros y eso también hay que ir descubriéndolo: un bebé no llora igual por el simple hecho de no querer estar solo que por tener gases o por tener un dolor producido por la aparición de su primer diente.
El método, en principio, no me parece ni tajante, ni drástico, ni deshumanizado y tampoco me parece que el niño se sienta ni abandonado ni aterrorizado. Eso sí, al método, como cualquier otro, hay que aplicarle una buena dosis de sentido común. Y, por supuesto, me parecería también un error seguir el libro al pié de la letra, pasando por encima cualquier circunstancia que pudiera ser motivo de saltarse los puntos indicados. En nuestro caso, los pasos a seguir nunca los consideramos como norma cerrada; muy posiblemente, tampoco lo llevamos a rajatabla.
La educación de nuestros hijos es compleja y, por qué no decirlo, difícil. No hay ningún tipo de preparación para ello y los padres nos encontramos con la necesidad de buscar material que nos pueda ayudar en este camino, con el fin de meter menos la pata cada día. Por supuesto, en este tema, no existe una fórmula exacta; por otro lado, sería muy triste y desconcertante, que ese proceso educacional fuese una ciencia exacta.
Con esto quiero decir que no todo tiene por qué ser aplicable a todo. A nosotros, era un tema que nos preocupaba. Nos parecía importante que el niño tenía que acostumbrarse cuanto antes a dormir solo. Por ello, buscamos información, nos identificamos con ella, la pusimos en práctica y creemos que los resultados han sido óptimos. Pero esto no significa que esta sea la solución para todos los niños del mundo, aunque sí creo que una de las claves fundamentales en la educación infantil es que cada cosa tiene su momento. Si aplicamos esta afirmación al tema del sueño infantil, nos encontramos con que el mejor momento para educar en este asunto es cuando el niño empieza a dormir, es decir, al principio de todo y no cuando el niño tenga 5 años y esté acostumbrado a dormirse en brazos de alguien o al lado de no-sé-quién… igual que hay un momento para quitar la chupa, para quitar los pañales, para comenzar a exigir que recoja sus juguetes o que empiece a llevar el plato al fregadero o a hacer sus actividades (deberes); eso sí, todo esto dentro de un cierto margen y teniendo en cuenta el proceso de crecimiento de cada niño.
Comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios enviados deberán estar escritos en un lenguaje no ofensivo y que se ajusten a la temática del post.
En cualquier caso, los comentarios enviados se quedarán pendientes de revisión antes de ser publicados, a excepción de los escritos por personas a los que ya se les ha aprobado alguno anteriormente.























Es que la gente es muy alarmista. El sentido comun no esta de moda y si haces sufrir un poquito a un niño ya eres un monstruo…