Ya está aquí el Festival (y III)
He mantenido para este post el mismo título que los dos artículos que preceden a este, a pesar de que hoy finaliza el Festival y ese titular ya no tiene mucho sentido.
Para mí lo más importante de un festival de cine son las películas. Y para mí supone una excelentísima oportunidad en la que poder ver cine que, si no fuera por el festival, seguramente no llegaría a ver. Por supuesto, también hay galardones, estrellas invitadas y otras muchas actividades paralelas, pero yo quito todo ese glamour y me quedo con el leit-motiv de estos eventos: las películas.
Y me gusta disfrutar de ese cine, en la mayoría de los casos a la aventura, tanto como de coger el libreto de películas, la programación y sentarme a planear, con los días y horas disponibles que tenga, qué películas visionar. Eso está muy bien, siempre y cuando, no haya cambios de última hora, como me sucedió el sábado pasado, que por un cambio o por un error en la programación disponible en la web del festival, no pude ver la que ha resultado ser la película ganadora del ‘Lady Harimaguada’ de oro: ‘The world’
Además de las películas vistas el fin de semana pasado, anoche tuve nuevamente sesión doble, como punto y final de este festival. En un par de salas se proyectaba el ciclo anual de ‘La noche más Freak’, pero yo viví mi particular noche temática, que podría haberse denominado ‘La noche (más) oriental’.
En primer lugar vi ‘Samaria’ (‘Samaritan girl’), una producción sudcoreana dirigida por Kim Ki-duk, que fue proyectada dentro de la ‘Sección Oficial fuera de concurso’. Esta película cuenta la historia de dos adolescentes; una de ella se dedica a la prostitución y la otra lleva las cuentas y controla las ganancias. La trama sufre un giro de 360º cuando una de ellas se suicida y la otra opta, de una forma bastante original, por devolver todo lo ganado.
Luego, tras media hora de respiro me metí a ver ‘Nadie sabe’, una película japonesa dirigida por Hirokazu Koreeda que, proyectada en la ‘Sesión informativa’, contiene también una trama bastante dramática: una madre que vive en un apartamento de Tokyo con sus cuatro hijos pequeños, cada uno de ellos de padre distinto, los abandona. Por mantenerse unidos, hipotecan su infancia y su adolescencia con el fin de sobrevivir.
Podría decir que viví una noche dramática, pero también puedo decir que viví una noche que no olvidaré durante mucho tiempo…
Pues eso es todo. El año que viene, más.






















