SGAE: nuevamente la realidad ha superado a la ficción
«Ayer día 26 de Mayo de 2009, estando sólo en casa sobre las 12 y media de la mañana, llamaron a mi puerta cinco personas que dijeron venir “del Juzgado”. Aseguraron tener una orden para entrar en mi domicilio, revisar el contenido de los ordenadores que hubiera en la vivienda y requisar los discos duros de los mismos. No se identificaron más allá de que eran del Juzgado y no me enseñaron una orden de registro y entrada. Entraron en mi casa y me instaron a que les indicara dónde están los ordenadores de la casa. Les mostré mi portatil personal pero insistieron en verlos todos, incluido el de mi hermano. Entraron en todas las habitaciones e incluso abrieron algunas cajas de cartón de mi dormitorio, que no tenían ningún contenido especial más allá de enseres personales de algunos de los miembros de mi familia.»
Así comienza el relato de Juan José Coronel acerca de la última acción de la SGAE, en lo que parece una vulneración en toda regla de ciertos derechos fundamentales y que se suma a la larga lista de penosas y patéticas acciones de esta empresa de recaudación, cuando todavía no nos habíamos repuesto su último episodio: el robo y posterior devolución de 5.600 euros de una festival benéfico.





















