Aquel querido mes de agosto
El Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria ofrece este año algunas películas portuguesas; un país tan cercano como desconocida es su filmografía.
En total son cinco películas de producción o coproducción lusa. Además tres de ellas programadas en la Sección Oficial a concurso. De estas tres, hubieron dos títulos que me llamaron la atención y que rápidamente anoté como posibilidades para ver.
La primera de ellas, que ya vi, fue «Aquel querido mes de agosto», cuya trama me atraía pero que tenía algo en contra: 150 minutos de duración. Teniendo en cuenta que estamos hablando de una cinematografía y de un director que desconocía, esas dos horas y media podían convertirse en una insoportable eternidad.
La verdad es que cada vez soporto menos las películas largas, es decir, las que duran más de 90 ó 100 minutos, y sobre todo, aquellas que una vez vistas, descubres que podían haber durado menos. También reconozco que uno siente un buen regusto cuando ve una película larga y el tiempo ha pasado volando…
Una vez que seleccioné las películas que, a priori, me interesaban del festival, me fui a la Red a buscar información. «Aquel querido mes de agosto» aparecía en Filmaffinity con una puntuación de 8,0: una excelente valoración. Muy pocas películas llegan a conseguir una calificación tan alta. Sí es verdad que tan sólo contaba con doce votos, pero ninguno de ellos era inferior a cinco. Ésto sumado a los premios conseguidos en varios festivales y la información encontrada en varios blogs, y de forma más concreta, a la crónica del blog Fotografías, con la que coincido plenamente una vez visionada la película, me terminaron convenciendo de que tenía que verla.
El verano de un pueblo perdido de Portugal y su particular ambiente festivo, con ingredientes como canciones de karaoke, verbenas, procesiones, voladores y los propios y variopintos personajes del lugar, aderezado todo con mucha música típica de los bailes verbeneros de pueblo, componen este collage que comienza como un documental y acaba ofreciéndonos una trama de ficción que nos cuenta la historia de unos adolescentes que viven su primera experiencia de amor y sexo, cómo no, en verano, como deben ser esas experiencias.
La película contiene un detalle que me encantó. Yo suelo llamarlo «el cine sobre el cine» y es cuando se hace una película cuya temática principal es el cine. Este no es exactamente el caso, pero el propio director, acompañado del guionista y del equipo técnico aparecen integrados en la película, como parte del reparto, planteando cuestiones del guión y problemas de financiación de la misma, los cuales no sé si eran reales y, efectivamente, fueron los motivos que provocaron que la película comenzara como un documental. Como he dicho, me encantó, ya que tal y como estaba planteada la película o, tal y como resultó la película en su conjunto, esa intromisión encajaba perfectamente. En esa línea, la película acaba con una escena cuyo protagonista es el director de sonido de la misma, la cual me pareció, sencillamente, magistral.
Me gustó muchísimo; me pareció un proyecto muy original. Pero sucedió lo inevitable: tuve que mirar el reloj a ver cuánto quedaba porque se me hizo muy larga. Cuando acabó tuve una sensación contradictoria: por un lado, una buena sensación de que había visto algo diferente, valorando unas imágenes que habían transmitido una historia sencilla repleta de muchos sentimientos positivos; pero, por otro lado, me sentía saturado por la duración de la misma y por la gran cantidad de numeritos musicales; tanto que esta crónica la publico 24 horas después de haberla visto…
La película tiene dos partes bien diferenciadas. Si cada una de ellas hubiese durado cuarenta o cuarenta y cinco minutos, habría ayudado muchísimo -y hubiese sido maravilloso- a quedarnos con las ganas de más, pero cuando tenemos la sensación de lo contrario, estamos ante una película, cuya sensación final también es que se ha alargado porque sí o, simplemente, porque había material para poder alargarlo sin más.
En definitiva, una película muy recomendada, aunque ya hayan proyectado los tres pases programados en el festival, pero dejo esta crónica por aquí por si se estrena comercialmente…
La segunda película portuguesa que quiero ver se estrena mañana el viernes 13 y que también se encuentra en la Sección Oficial a concurso. Se trata de «Singularidades de una chica rubia», de Manoel de Oliveira.






















